
El tiempo pasaba rápido estando con él, íbamos escuchando música, riéndonos. Más de una vez tuve que darle la comida en la boca porque no podía quitar las manos del volante. Y eso nos daba mucha más gracia. Habían pasado por lo menos 2 horas, y no había fumado nada; lo cual últimamente para mi había sido el apocalipsis. Nos bajamos en una playa, mientras terminábamos de comernos los helados, iban perfectamente bien ya que era una calurosa noche de verano. Me quite las botas y corrí hacia la orilla, tenia tanto tiempo sin pasármela tan bien, sin caminar en la arena sin tener que modelar, sin fumar, comiendo cosas ricas… Mi móvil no dejaba de sonar. Era mi madre y Clarisse, me tenían al borde de mi existencia. Cogí el móvil y lo tire fuertemente al agua.
Bill me cogió por detrás unos segundos después.
Chuck: no te pongas romanticoso aquí. – reí quitándome la camisa y la falda quedando en ropa interior. Menos mal que llevaba bonita lencería. Una lástima que se mojaría con las frías aguas salinas. – Vienes? O te quedas? –reí entrando a el agua, la única luz que había era la de la luna y la poca que llegaba de la carretera.
Bill sonrió y se quito la ropa y entro conmigo a el agua.
Jugábamos como niños, como si tuviéramos la edad en la que nos conocíamos, había olvidado todos los problemas, mis odios, todo… pero por algunos segundos me ponía a pensar en que me lo estaba pasando de lo mejor, y que por un capricho, tal vez un mal entendido mi padre no estaba con nosotros… mejor dicho… no estaba conmigo. También pensaba en que me sentía feliz porque Bill me estaba haciendo sentir importante… tal vez esto era solo un juego, pero… iba a ser lindo mientras dure.
Salimos del agua, me senté en la orilla vi como Bill caminaba al coche y saco unas toallas y se acerco a mi poniéndola sobre mis hombros, cada vez era más tarde; pero no quería ver el reloj. Se sentó a mi lado con una sonrisa. Todo era tan tranquilo, y pacifico. Le mire a los ojos y le sonreí este se acerco a mí y me beso, yo le bese de la misma forma, me acerque más a el poniéndome enfrente del con mis brazos alrededor de su cuello; deje que la toalla callera de mis hombros y quite la suya de la de los de él.
Sus besos eran como tocar el cielo, sus manos que jugueteaban con mi piel que se erizaba con cada toque de sus dedos. Sentí como sus manos se dirigían hacia lo que quedaba de ropa en mi cuerpo, deje que retirara las prendas de mi cuerpo y yo quite su bóxer.
Las carisias eran cada vez más profundas y sus manos llegaban a lugares que hacían que mi cabeza diera vueltas. No podía negarlo, deseaba a mi enemigo, hasta la mínima parte de su cuerpo. Acaricie cada centímetro de su piel, llevaba mis manos a sus partes más delicadas mientras nos besábamos apasionadamente.
Sentí como se puso sobre mi y empezó a besar mi cuello, lo que me hacia gemir levemente. Sabía que no tardaría mucho para que entrara en mí. Tenía mis manos sobre su espalda acariciándola mientras sentía sus labios por mi cuerpo. Unos segundos después sus labios volvieron a los míos y sentí repentinamente como entraba en mí con fuerza. Lo que hiso que un fuerte gemido saliera de mis labios uniendo los suyos. Primero sentí dolor… pero el placer dejo que se desvaneciera rápidamente. Se movía dentro de mi cada vez con más rapidez y fuerza, tenía mis uñas clavadas en su espalda y mis ojos cerrados por instinto era algo que no podía controlar; pero sabía que el tampoco. No había sido mi primera vez, pero había sido sin duda alguna la mejor, tal vez no solo porque era Bill, o porque lo hiciera como un profesional del tema. Tal vez era el rencor que le tenía siendo devorado por el placer interminable, o tal vez… era esto totalmente contrario que estaba sintiendo por él.
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